27 de mayo de 2012

Bag of bones | Los viejos rockeros nunca mueren

¡Ah¡ Los viejos rockeros, esa gloriosa estirpe que nunca se resigna a envejecer o a morir, o a dar paso a otras modas o pseudo-tendencias. ¿Qué fue de los clásicos?, ¿por qué queremos matarlos cuando muchos han empezado a vivir una segunda juventud? Os voy a contar una historia, si me permitís. Hace varias semanas, estaba yo en un bar, con unos amigos y unas amigas tomando una cerveza. Yo, como soy de la realeza, me pillé un whisky mientras mis acompañantes bebían Cruzcampo, que por cierto, en vez de ser una cerveza sevillana, parece que alguien orinó en el Guadalquivir, le echó agua de cebada y a posteriori, lo envasaron. Pues bien, el garito era un lugar muy chachi y cool, hombres vestidos a la última moda, chicas, emperifolladas, divinas de la muerte y encantadas de conocerse, y cómo no, el pinchadiscos de turno, poniendo cara de chupóptero mientras ponía los últimos hits del momento. El ambiente estaba genial, todo el mundo a su bola, con su consumición, bailando, algunos metiéndole ficha a la guapa de turno y un servidor bostezando. Bostezaba porque, aparte de levantarme temprano, aquel día yo ya iba un poco perjudicado y me estaba entrando un sueño impenitente al ver el panorama. A todo esto, se dejan los hits del momento y ponen Rock, una muchacha de dieciseis años se acerca al pincha y le dice si le puede poner algo los Rolling Stones o Led Zeppelin. ¿Sabéis cuál fue la respuesta del fulano? "Tía, si esos grupos están muy pasados, a ésos los escuchaba mi padre con tu edad". De esa respuesta deduje dos cosas: la primera fue que el tío era deficiente mental. La segunda fue que tenía la misma idea de música que yo de fusiones de átomos o de cultivos hidropónicos: oséase, una puta mierda.


No obstante, conmovido por la audacia de la joven, en uno de esos arrebatos impunes que propicia el alcohol, me acerqué a ella, no con la intención de ligar, más que nada porque tenía dieciseis años y aquí un servidor tiene puesto el límite en los diecinueve o veinte años, aparte de que paso de mujeres, al menos por ahora. Pues bien, me acerqué a ella y la aplaudí por su audacia. La chica, que tenía una de esas miradas inquisitivas que tanto le gustan a las mujeres y que sirven para marcar el territorio y ya de paso, cortar cualquier atisbo de acercamiento, me repasó de arriba abajo y pasó de mí, sí, jodidamente deprimente que una niña te de boleto sin ni siquiera decirte algo, pero bueno, así fue. No obstante, no me di por vencido y yo le dije que este sitio era una mierda y que lo más rockero que había sonado era el hijo de perra de Bon Jovi. Ante mi descalificación se río y dijo que la gente no tenía ni puñetera idea de música, y que contratan a los pinchadiscos sólo si tienen pinta de guays. Yo le respondí de forma afirmativa, pero mi sorpresa vino cuando le pregunté por su grupo favorito. Me respondió nada más y nada menos que Jane´s Addiction, Meat Loaf, Faith No More -aquí la elevé a la categoría de diosa- Nirvana, Guns n Roses, Muse, Radiohead -bueno, algún fallo debería tener-, Led Zeppelin, los Stones y Supertramp -esto último hice como que no lo oí- y Europe. Joder, con Europe me mató, nunca pude con ellos. Se lo comenté y me dijo: Escúchate el último disco y me cuentas qué tal. La conversación prosiguió y la chica me dio su Facebook. Ni qué decir tiene que no la agregue, pero su disertación sobre Europe me dio que pensar. ¿Es posible que los haya juzgado de antemano? La respuesta es sí. ¿Es posible que Bag Of Bones sea otro de los firmes candidatos a ser disco del año? También. ¿Es posible que Joey Tempest, tras esa fachada de muñequita Barbie sea un pedazo de vocalista? Pues sí, lo es. ¿Me he equivocado con Europe? Por supuesto. ¿Me tengo que tragar las palabras cuando decía que eran maricones? No cabe duda.


En los ochenta, en España, si eras un metalhead, difícilmente te podías echar una novia guapa, sobre todo si partimos de que las Heavys... esto... bueno, son mujeres particulares. Y no lo digo en sentido peyorativo. Tengo un método empírico por el cual clasificar a las Heavys. Uno: pesan cien kilos y tienen el cuádruple de brazo que yo. Dos: tienen cara de atracar el furgón de la metadona. Tres: está buena, tiene unos ojos preciosos pero luego lo jode con tanto piercing, maquillaje, pulseras de pinchos, medias de rejilla, y las ya famosas New Rock, esas botas que si te pegan una patada en las pelotas te suben los espermatozoides   al tronco cerebral. En cambio Europe gusta a todo el mundo. Eran guapos, llevaban unos peinados complicadísimos, de esos que llevan los caniches, salían en las radiofórmulas y tenían la famosa balada de turno que provocaba auténticos charcos de fluido vaginal allá por donde iban. Para mí eran la vergüenza de los ochenta, junto con el ya citado Bon Jovi, el rival a batir, más dulces que la leche merengada y unos pastelosos de cuidado. Pero claro, todo esto lo miro desde el prisma de un chaval que tenía dieciséis años, ahora que tengo veintiuno y he evolucionado de primate a gorila, cambio totalmente mi forma de pensar, me dio por preguntarme acerca de las viejas glorias. Y es que lejos de ser una colección de cadáveres, muchos parecen estar viviendo una segunda juventud. Hay ejercicios nostálgicos que seguramente se hayan traducido en una incesante búsqueda de ganar dinero, como puede ser el caso de The Police o el regreso de Iggy Pop, pero en todo caso, muchas carreras individuales viven su momento de gloria, como en el caso de Springsteen o el propio Neil Young.


Y Europe puede presumir de ser una de las bandas que mejor han podido superar el envite del paso del tiempo. Bag Of Bones es su cuarto trabajo después de su inesperada resurrección allá por 2004, cuando publicaron Start From The Dark. Y es que la banda se renovó, para nada quisieron revivir su etapa ochentera, que sin lugar a dudas, en lo relativo a fama y popularidad les aportó unos beneficios realmente altísimos. Los Europe del nuevo milenio son una banda atrevida, valiente, con ganas de dar un portazo en las narices a todos aquellos que pregonaban a los cuatro vientos su calidad musical endeble, su status de grupo para quinceañeras: resumiendo, los Europe actuales, siguiendo el camino de Guns n Roses y Van Halen; son una banda totalmente nueva. Su apuesta por los años setenta es sencillamente apabullante, y como bien dijo alguien, cuyo nombre no me acuerdo: todo tiende al blues. Después del éxito que tuvo el anterior trabajo de la banda en Suecia, la formación se metió de inmediato en el estudio, con el objetivo de realizar un álbum continuista.


Para ello contrataron al prestigioso productor sudafricano Kevin Shirley, quien ya había trabajado con grupos como Iron Maiden, Rush, Journey, Aerosmith, Dream Theater y Mr. Big. Europe en cierto modo ha sido una banda infravalorada, pero con este disco demuestran que son muy buenos músicos, que han sabido adaptarse a los nuevos tiempos y que en su caso, cualquier tiempo pasado no tiene por qué ser mejor innecesariamente. Riches To Rag emerge como un auténtico puñetazo en la testa con un increíble riff de guitarra de John Norum, otro guitarrista infravalorado hasta decir basta. Tempest canta genial y es en la voz donde notamos que el productor ha realizado un excelente trabajo, puliéndolo más, al igual que el sonido de las baterías, que suenan con una contundencia inaudita en la banda mientras que la pareja de guitarras arden en lo que a virtuosismo se refiere. El solo es estupendo. Not Supposed To Sing The Blues fue escogida como primer single de la banda y que sin lugar a dudas es una de las mejores canciones que la banda ha compuesto en toda su trayectoria, con una letra impecable y con una melodía demoledora y que recuerda mucho a Led Zeppelin y a los Deep Purple de Glenn Hughes. La interpretración de Tempest es soberbia, una vez más. Y es que este vocalista es uno de los mejores del hard-rock, sin lugar a dudas. My Woman My Friend está provista de una intensidad brutal, con un piano que casa a la perfección con la dureza de las guitarras. Lo que parece ser una balada, de repente se torna en una auténtica explosión de raza musical, John Norum vuelve a realizar un trabajo espectacular, y es que para mí este caballero ha sido todo un descubrimiento. Tan acostumbrados que estamos a meter a Vai, Satriani, Petrucci o Knopfler en las listas de los mejores guitarristas, deberíamos añadir el nombre de este caballero.


Firebox sigue con otros teclados demoledores que escoltan al muro de guitarras. Destaca sobre todo la parte más exótica en su mitad, con el acompañamiento de un slide realizado por Joe Bonamassa brutal. Coge los primeros discos de Whitesnake, escucha Demon Head y no notarás ninguna diferencia, un sonido setentero pero pasado por la batidora de una producción más moderna. El guitarreo incisivo y cortante de Doghouse te hará mover la cabeza, las piernas, con un estribillo melódico, pausado y con Tempest sacando lo mejor de sí mismo, hard rock de nivel, que sirve para quitarse el anatema de banda blanda y ñoña. Mercy You Mercy Me con el puente en el que el teclado sirve de acompañamiento y que sirve para que Norum -una vez más- se vuelva a lucir. En un disco de hard rock no podía faltar la balada de turno. Bring It All Home cierra el disco de forma magistral, liviana y sensible. Y aquí concluye el repaso, no sin antes emplazaros a que escuchéis lo nuevo de los suecos, otra de las grandes sorpresas del año, pues no contaban en las quinielas de muchos, entre ellas en las de un servidor. Pero uno, independientemente de que nunca haya apostado por esta banda, se ha de descubrir ante ella. Con Europe me ha pasado lo mismo que con Bon Jovi, se notan que son musicazos, pero quizás ese enfoque tan orientado al mainstream haya desvirtuado el concepto que mucha gente tiene del Hard Rock, pero si lo que queréis es escuchar a los mejores Europe; conseguid todos sus discos a partir del año 2004. Veréis a una banda renovada y cuya segunda juventud ha propiciado que saquen lo mejor de sí mismos. No sé si será el disco del año, pero de lo que no cabe duda es que, salvo contra pronóstico: estará entre los diez mejores. Lo dicho, señores, Bag Of Bones, un saco de huesos con mucha carne donde morder.

22 de mayo de 2012

Annie Hall

Nunca me he considerado un fanático de Woody Allen. Es cierto que es un genio, pero su humor me parece en ocasiones demasiado cargante. Con esto no quiero decir que no tenga grandes películas, que sería un atrevimiento negar lo contrario, pero sí es verdad que muchas veces explora temáticas que ya se han visto en otras cintas suyas y que tiende a repetir demasiado el humor. Pero sin embargo, me tuve que rendir ante Annie Hall, una película que supuso una total ruptura con el cine que Woody venía practicando por aquel entonces en una perspectiva que todos vislumbramos desde el púlpito de gran estrella que el neoyorquino ostenta en la actualidad. La cinta se nos presentará como un modelo de construcción dramática de los que tanto gustan a Allen, cargando las tintas en lo cómico y en lo dramático propiamente dicho. Annie Hall es el fiel reflejo de la transformación del cine anterior con una voluntad mucho más realista y con un azar menos permisivo. Los distintos Oscar otorgados a la película en la categoría de mejor actriz, mejor director y mejor guión ponen de manifiesto en cierta medida el status de culto de ésta. Como curiosidad, relatar que el cineasta no fue a recoger los premios que le correspondían. Lo cierto es que la aparición de elementos dramáticos, e incluso melodramáticos en el film afianzaron el estilo personal que Allen en todas sus películas, en mayor o menor medida, intenta pulir, cultivando incluso la imagen de un un autor-director preocupado por las vicisitudes que acarrean los problemas cotidianos y domésticos, que en el entorno americano y en el de Woody; son especiales. ¿Ejemplos? La querencia del autor por las relaciones afectivas con sus parejas.


Es sin embargo en la narración cinematográfica en donde podemos observar la continuidad, evolución, cambios y perfeccionamiento del estilo de Allen. Dicha narración, casi siempre subjetiva,  está localizada y centrada en un personaje cuya mirada ordena y condiciona todos los elementos del film, incluso la recepción que los propios espectadores tienen de ésta. El humor, centrado sobre todo en unos diálogos donde abundan los chistes y la ironía sobre el mundillo intelectual, cultural y urbano del hombre contemporáneo, por extensión y antonomasia el de Nueva York, es otra de las señas de identidad del cineasta, ya presente en películas anteriores. La película nos presenta a Alvy Singer, un cómico que trabaja en un night club y que empieza a narrar un fracaso sentimental con la susodicha Annie Hall, lo que le lleva a reflexionar sobre sí mismo y sobre su propia infancia. A grandes rasgos la historia es ésta, obviamente no voy a hacer de spoiler por si alguien estuviera interesado en verla. La cinta está formada por secuencias unidas entre sí por corte neto o salto directo y la ausencia de elementos en blanco y negro, técnica recurrente en el cine clásico suele ser recurrente a la hora de enlazar secuencias. A esto cabe añadir los continuos flashbacks, es decir: saltos hacia atrás en el tiempo narrado así como la ausencia de orden cronológico a la hora de relatar éstos. La supresión de estos elementos es significativo. La película comienza con la presentación del propio Alvy, un personaje que uno no puede distinguir del propio Woody Allen -chaqueta de pana, camisa roja, gafas de pasta negras- que habla de forma íntima al espectador, haciéndolo partícipe de sus desventuras, al mismo tiempo que proporciona un punto de vista fijo y casi invariable en el film. Sumamente genial resulta la sátira que de sí mismo hace, relativizando sus propios sentimientos haciendo chistes sobre ellos.

20 de mayo de 2012

Especial Guns n' Roses - Parte V: Gloria y decadencia

Y hoy ya toca la última parte de este ambicioso especial, que más que un especial parece un culebrón venezolano, pero bueno, espero que estéis disfrutando, porque yo ya estoy un poquito hasta las narices. Tengo unas entradas de reggaeton que quiero publicar y el puñetero especial no me deja. Guns n Roses en los 90 eran los reyes, nunca habían dejado de tener éxito. Tenían un status de estrellas comparable al que en su día tuvieron Led Zeppelin, The Rolling Stones, The Who o Pink Floyd. Ni siquiera la avalancha procedente de la fría y ocre ciudad de Seattle minó en algún momento la popularidad masiva de los angelinos, mientras que otros compañeros suyos de escena sí se vieron afectados, hasta llegar al punto de ser ignorados por las discográficas. Ellos siguieron calibrando sus fuerzas con gente como Michael Jackson, Maddona o Elton John y se habían convertido, por derecho en propio en intocables. Axl Rose siguió empeñado en perjudicar seriamente el prestigio que la banda se había ganado gracias a su inconmensurable talento y a su actitud rebelde ante la industria. Decidió promocionar tres baladas consecutivas, creando una ridícula trilogía de videoclips que abochornaron a muchos de sus fans mientras sus camaradas aparecían en ellos de forma servil. Mientras tanto, la crítica se partía de risa al ver aquellos fantasiosos y ridículos vídeos  y el bueno de Izzy, que ya estaba reuniendo a una sólida banda para aventurarse en solitario, se echaba las manos a la cabeza al ver el desvarío en el que habían caido tanto Rose como sus compañeros. Y es que, mucha gente criticó duramente aquellos vídeos. Mucha gente se pavoneó sobremanera al ver el ridículo enlace de Axl con Stephanie Seymour en November Rain, con Slash y Duff brindando como si aquello fuera la Inglaterra victoriana y el vocalista llorando ante la tumba de ésta -¿alguien va a decir de una puñetera vez de qué muere Stephanie en el vídeo?-. Luego estaba el vídeo de Estranged, con Axl posando con delfines, en Don´t Cry salía en un psiquiátrico... Un auténtico despropósito cinematográfico que no necesitaban precisamente los jóvenes para reafirmar su aprecio por la banda.


La gente seguía escuchando a la formación. Los vídeos se habían convertido en todo un ejercicio cinematográfico de ciencia ficción, pero la música sonaba igual de elaborada y contundente, así que en ese ámbito, no tuvieron problema alguno. Pero los propios fans de la banda sabían que su vocalista se había convertido en una persona decadente, y el efecto pernicioso de sus salidas de tono acabaría por tensar la cuerda hasta romperla. Cuando Nirvana y Pearl Jam empezaron a triunfar, convirtiendo al Grunge en el epicentro del Rock n Roll, apoderándose de la mentalidad juvenil, se puso de moda menospreciar a los Gunners entre los adolescentes, considerando a la banda como unos dinosaurios y unos pasados de moda, retrotrayéndonos a los años 70. ¿Os acordáis cuando el Punk puso de manifiesto su desprecio hacia bandas como Led Zeppelin y The Rolling Stones, aduciendo precisamente que eran ya unos grupos caducos cuyo momento ya habían pasado? Pues eso sucedió veinte años después. La actitud de contratar a coristas y pomposas secciones de viento propiciaron las primeras críticas hacia la banda, que para muchos distaba ya de ser una banda auténtica. Yo soy de los que piensa que si evolución implica no ser auténtico ¡viva la evolución!, porque lo que está claro es que la música de la banda dio un salto cualitativo y cuantitativo. Incluso Mike Patton, de Faith No More se permitió el lujo de burlarse de Axl Rose. La relación entre el Grunge y Axl no fue -¡qué raro!- idílica, precisamente. Duff era de Seattle y había crecido en esa escena, admiraba especialmente a Nirvana y a Pearl Jam, declarando sobre los primeros que eran lo más Punk que había visto desde los Sex Pistols, y sobre los segundos argumentando que el Ten era uno de los mejores discos que había escuchado nunca.


La creciente admiración que sus compañeros ostentaban hacia estas bandas encendió la bombilla del pelirrojo. Cuando Pearl Jam visitó la capital californiana por primera vez, Duff se ofreció para tocar la batería con ellos en un par de canciones. Al público Grunge poco le importaba esta conexión. Para ellos Guns n Roses era lo establecido por aquel entonces. Axl se fijó en Nirvana, sobre todo y en el carisma que Cobain tenía, por ello, Axl  barajó la opción de que Nirvana teloneara a Guns n Roses durante la gira del Use Your Illusion y entabló las primeras negociaciones para ello. Sin embargo, la cosa no cuajó, Cobain, en una de esas súbitas idas de olla que tenía, crítico duramente a Guns n Roses, en el que venía a decir que eran una panda de imbéciles, y que su líder todavía lo era más. ¿Cómo manejó Axl la situación? Pues lo fácil, siendo el agraviado hubiese sido callar, total, un comentario de Cobain no iba a reducir la popularidad de la banda. Axl, esta especie de crisis la podría haber manejado por cauces correctos, pero no, no puedes pedirle peras al olmo. En una ceremonia de premios, las dos super-estrellas del momento coincidieron, Axl, y valga la redundancia, podría haber gestionado mejor el asunto, pero ¿qué hizo? Encararse con él e intentar dejarle la cara hecha un Cristo. Cuando Courtney Love intentó mediar -varias fuentes comentaban que Axl iba a ser el padrino de Frances-, el siempre zalamero y simpático Rose respondió con un clarividente "Cállate, pedazo de zorra", causando las carcajadas de todos los allí presentes.

17 de mayo de 2012

Especial Guns n' Roses - Parte IV: Izzy deja la banda - Use Your Illusion - St. Louis

Nota del autor:
Esta parte del especial va a ser especialmente larga. Lean tranquilamente, despacito, con buena letra, y si creen que la extensión es considerable, pues siempre tendrán la opción de cagarse en mis muertos, tienen mi autorización

Bueno, nos vamos acercando al ecuador de este repaso cronológico de una de las últimas grandes agrupaciones que dio el Rock n Roll. Si la vez anterior hablamos de la perniciosa vida que la banda llevaba hasta entonces y de la salida de Adler, hoy dejamos los años ochenta para meternos de lleno en los años 90, o lo que es lo mismo: la época de máximo esplendor para la banda y el inicio del ocaso. A finales de los ochenta, Axl Rose, en términos de salud era el que mejor se encontraba por aquel entonces; apenas bebía, y su consumo de estupefacientes era moderado. No obstante, empezaron a lloverle otra clase de problemas, unidos a su peculiar carácter. La fama disparó su neurosis hasta límites insospechados y comenzó a rodearse de toda una caterva de consejeros, chamanes e incluso mediums. Todo esto aderezado con su ya consabida relación de amor odio que tenía con la prensa debido a su carácter volátil. Sus continuos cambios de humor empezaron a dinamitar aún más su ya de por sí paupérrima imagen pública, pero no sólo la suya, sino también la de sus compañeros. El carácter de éste daba continuos quebraderos de cabeza a los demás integrantes de ésta. Empezó a adquirir la reprochable facultad de elegir el momento y el lugar menos adecuado para airear los trapos sucios de la banda; es decir, delante de todo el mundo, como sucedió cuando tuvieron que telonear a los Stones en California, en el ansiado retorno de la legendaria banda británica a los escenarios tras su prolongado paréntesis. La oferta era única para ellos, iban a abrir para su banda favorita en cuatro conciertos seguidos en el Coliseum de la ciudad. Un sueño hecho realidad, sobre todo para el bueno de Izzy.

Lo que prometía ser un auténtico espectáculo y un baño de masas para la banda, se tornó en un acontecimiento esperpéntico por culpa de Axl, quien llegó a declarar, con cierta sorna, que si alguno de los miembros de su grupo no dejaba la heroína, aquél sería el último concierto de la banda. Exacto, lo soltó en directo, ante miles de personas y con las cámaras de televisión enfocándole, y sin que sus compañeros intuyeran lo más mínimo lo que planeaba el conspicuo vocalista. Nunca antes en la historia del rock alguien había aireado de aquella manera los trapos sucios de la banda sobre un escenario. Incluso el propio Mick Jagger, en una de las actuaciones de los Stones, aludió a este hecho dedicándole una canción  a Axl que se titulaba textualmente Chaval, cierra la boca. Eso sí, si lo que Rose pretendía era robarle portadas a sus Satánicas Majestades, lo consiguió, aunque fuera a costa del honor y la honra de los propios miembros de su grupo. Pese a la amenaza de disolver el grupo tras aquella actuación, afortunadamente los conatos de conflicto se quedaron en eso, meros sucesos anecdóticos, pero que sin embargo; pasarían factura a la banda. Cumplieron sus compromisos contractuales y siguieron teloneando a los Rolling Stones, de haber incumplido éste acuerdo, la indemnización por la rescisión de éste hubiese alcanzado cifras astronómicas. En el último concierto de la banda, Axl e Izzy salieron a tocar con sus ídolos, y con ello un la consecución de un sueño que tenían desde niños. Para Izzy Stradlin, tocar con el grupo de su vida y ensayar con Keith Richards en su camerino era tocar el cielo, prácticamente.

15 de mayo de 2012

Recomendación del mes: Jack White - Blunderbuss

Nota del autor: Sé que tocaba la cuarta parte del especial de Guns n Roses, pero debido a que estoy liado con prácticas y con los exámenes de la carrera, y tengo poco tiempo, y el poco que tengo, prefiero vegetar y rascarme la chorra, pues no lo he acabado. Estaréis ansiosos, lo sé, pero espero que me entendáis. De aquí a que acabe, a no ser que me entren las ganas y la inspiración, tiraré de retales; o de entradas más cortas. Disculpen las molestias.
La vida y sobre todo las personas somos ante todo acontecimientos inexplicables. Y mientras escribo este post me doy cuenta de eso. Creo que la gente que escuchamos rock n roll, o metal, o alguna de sus vertientes, presumimos -muchos lo hacemos- de tener un talante esencialmente abierto; es decir, nos creemos -y sí, no me lo neguéis, que todos lo hemos hecho alguna vez- que lo que escuchamos es lo mejor que escucha la denominada masa, ¿verdad? El mundo del rock sin lugar a dudas es el que más lleno de esteorotipos tiene, sin lugar a dudas. Es el género musical donde los talibanes y los defensores de la ortodoxia salen por doquier, siempre emitiendo juicios de valor sobre qué es rock, qué es Heavy y lo que no lo es. Sinceramente, llevamos tiempo y tiempo defenestrando grupos, condenando estilos al ostracismo simplemente porque no se ajustan a unos esquemas o parámetros definidos de antemano por nuestro cerebro, y yo reconozco que lo hago. Nosotros -los aficionados al rock n roll- somos, por así decirlo, los renegados de la sociedad nos encanta ese papel, vale, ahora quizás menos, porque la presencia de éste en los medios -no en este mísero país, desde luego- tiene un papel siempre preponderante, pero antes, y esto seguramente me lo podrán los bloggeros más experimentados que vivieron aquella época, corroborar, el rock en España en los ochenta era más o menos algo deficitario, totalmente acorde con el crecimiento de nuestro país, siempre cuatro siglos por detrás de franceses, ingleses o alemanes. En aquella época, según me contaban, llevar el pelo largo era como resucitar de forma tácita la "benévola" y "constitucional" Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social del franquismo, ¿me equivoco? Si uno quería escuchar discos de bandas extranjeras, éstos llegaban con cuentagotas y pagando sumas de dinero bastante altas. Este ámbito también se circunscribe a la prensa musical de aquella época. Según un vecino que tengo, Heavy de corazón, rayano ya en la cincuentena, me decía que adquirir una Metal Hammer o una Kerrang era como oír hablar a Belén Esteban sobre la recesión y la caída del Euro: totalmente irrisorio y una quimera.


Afortunadamente, España fue evolucionando, muy lentamente, pero lo fue haciendo y el Rock, poquito a poco, gracias sobre todo a la enorme calidad de muchos grupos se fue abriendo paso. Y creo que deberíamos agradecer por ejemplo a Miguel Ríos que despejara un poco el camino. Ojo, a mí Miguel Ríos me gusta lo justo, por no decir nada, pero lo cortés no quita lo valiente. Lo mismo digo de grupos como Burning, Siniestro Total y compañía, que fueron el nexo causal para que aparecieran Leño, Barón Rojo, Obús, Bella y Bestia, Los Suaves y demás grupos, que por razón de no hacerme pesado; no citaré. Sabina dijo en una ocasión que la verdadera movida no era la que realizaban gente como Radio Futura o Nacha Pop, por citar a unos ilustres miembros de ésta, sino precisamente el Rock n Roll. España en los ochenta sufrió una especie de travestismo musical en el más amplio sentido de la palabra. Gente como Alaska, ese director que sólo sabe meter homosexuales y travestis en sus películas llamado Pedrita, perdón, Pedro Almodóvar o Fabio McNamara querían -veinte años después, cuando Estados Unidos estaba en otros menesteres musicales- resucitar la llamada Factory de Andy Warhol y establecerla aquí, dando origen a actuaciones realmente dantescas. Y os lo digo en serio, y me da igual si lo que digo suena muy bestia, pero a muchos personajes de la llamada "Factory madrileña" deberían haber sido puestos ante un pelotón de fusilamiento. Ahora bien, el rock, por mucho que los 40 subnormales te quieran vender la moto de que lo último de tal artista es rock n roll, nosotros sabemos qué es y lo que no, pero ojo, estas precisiones terminológicas son muy arriesgadas.

13 de mayo de 2012

Ernest Hemingway - París era una fiesta

Nunca he sido aficionado o seguidor de Ernest Hemingway, pese a haberme leído dos libros suyos. No sé, nunca le he pillado el punto y mirad que es un autor ameno y fácil de leer; pero su obra nunca me ha llamado excesivamente la atención. Pertenece a esa saga de intelectuales o personajes norteamericanos -para mi gusto- excesivamente sobrevalorados que simplemente, por el hecho de haber nacido en Estados Unidos, merecen ser acreedores de un premio Nobel. Con esto no quiero decir que él sea un mal escritor, todo lo contrario, le sabe dar al público lo que quiere y es de agradecer que muchas veces suprima elementos innecesarios en la narración para ir directamente al meollo, al quid de la cuestión. La crítica siempre intentó enfrentar al bueno de Ernest con esa verdadera fuerza de la naturaleza -y para mí, el mejor novelista del siglo XX- como era William Faulkner. El pugilato literario entre Hemingway y Faulkner. Faulkner, si usamos un símil musical, vendría a ser como Blur y The Beatles, Hemingway, en cambio sería de la caterva de Oasis y los Stones, sin lugar a dudas. La rivalidad entre ambos llegó a su apogeo en la década de los cincuenta, cuando Faulkner declaró que Hemingway era un buen narrador, sí, pero que apenas buscaba experimentar y arriesgar. Ernest, herido en su orgullo, le respondió al célebre autor de El Ruido y La Furia que si algo le sobraba era valor, ya que había estado en varios conflictos de gran calado internacional, dígase La Primera Guerra Mundial, en la Guerra Civil española y en La Segunda Guerra Mundial, amén de sus innumerables desafíos a la muerte en las selvas de África. Como podéis ver, aquí Hemingway estaba poseído por lo que yo llamo el síndrome de Arturo Pérez Reverte -y aquí me voy a permitir el lujo de atacar un poquillo a mi ídolo-; o lo que es lo mismo: repetir hasta la saciedad sus méritos al borde del abismo. Ernest, como persona me parece un fantasma, un auténtico experto en ajustarse el paquete y en decir "aquí estoy yo", además, me parece un poquito machista, y tanto que habla de sus adversidades en conflictos bélicos, decir que a él le gustaba mucho ir a Pamplona y correr en los San Fermines delante del toro, mientras el gobierno de la República le lamía ostensiblemente el ciruelo por el hecho de tener a un yanqui ahí, borracho e hinchándose a jamón hablando de las excelencias de la tierra. Lo siento, pero si no lo decía no me quedaba tranquilo.


Sin embargo, como narrador me parece absolutamente genial y París Era Una Fiesta me parece un ejemplo más que palpable. Procedamos, pues, a hablar del libro. El origen de la novela la puede encontrar uno en las conversaciones que Hemingway tuvo con otros intelectuales. Contaba anécdotas muy interesantes sobre su experiencia con otros escritores, como por ejemplo con Gertrude Stein, a la que calificaba de tremendamente agresiva, ya que a punto estuvo de llegar a las manos con otra escritora, amenazándola incluso de muerte. De Scott Fitzgerald, el célebre autor de El Gran Gatsby dijo que era frágil como una brizna de hierba, amén de hablar también de la excesiva preocupación que éste tenía sobre el tamaño de su pene, ya que su mujer, Zelda, comparaba el miembro de su marido con el de las estatuas que había en el Louvre. Ahora que lo pienso, y mientras escribo decir que Zelda merece que le choque los cinco. Hablar del miembro viril de tu marido y compararlo con el de las estatuas renacentistas o barrocas es de ser ante todo una dama discreta. Pero bueno, los hombres precisamente no podemos alardear de discrección, ya que cuando seducimos a una dama, especialmente si ésta es guapa, sólo nos falta publicarlo en primera plana en todos los rotativos mundiales, ¿o me equivoco? Ernest hablaba de muchos escritores con los que tuvo en su día mucho contacto; como por ejemplo Dos Passos. Oírle hablar de esta gente, era en palabras de los críticos de la época como escuchar una historia de la literatura pero contada al modo de vida norteamericano pero visto a través de los protagonistas en vez de a sus obras. En 1956, Hemingway y su esposa viajaron a París y se instalaron en el hotel Ritz. De forma repentina e inexplicable, el personal del hotel recordó que treinta años antes había dejado en depósito en el hotel dos cajas de documentos; y así, Hemingway se encontró revisando durante quince días docenas de documentos escritas a lápiz con los apuntes sobre París que más tarde se convertirían en Paris Era Una Fiesta.


En este libro descubrimos a un escritor que después de moldear y limar los apuntes que tenía sobre su estancia en París, emergieron como una especie de autobiografía de los años de aprendizaje literario de éste. Se nos cuenta las peripecias de un Ernest bastante joven, que vive con su mujer en la capital francesa, y tanto él como sus amigos se encuentran ávidos  de empaparse y conocer cualquier recoveco de la ciudad francesa. También se nos relatan las penurias económicas que vivían por aquella época, cualquier vivencia era como un sacramento, un acto de fe y esperanza conservada en la memoria y que se sucede a modo de una reiterada liturgia, que revive los buenos momentos, que está bien alimentado, pero vacío de elementos nutritivos. Hemingway en ningún momento se muerde la lengua a la hora de calificar a los personajes con los que se topó durante su aventura francesa. Tildando a muchos personajes de fracasados, ambiciosos y sobre todo presuntuosos. Un libro compuesto por veinte capítulos que pueden leerse de manera independiente, a modo de relato, ya que necesariamente, no es preciso seguir un orden cronológico, puesto que es una sucesión de flashbacks, que como en una película, hacen acto de presencia de forma continua. Puede ser, si te apetece una obra de ficción, pero con la posibilidad de que muchas cosas sean contadas como hechos verídicos. Uno de los mejores momentos del libro, para mí, lo recoge el momento en el que Hemingway y Fitgzerald viajan juntos a la ciudad de Lyon, en la que Hemingway nos presenta la faceta más descuidada y olvidadiza de Fitgzerald y éste se vio prácticamente solo y casi sin dinero en el vagón. Otro tema de la obra es sin lugar la dudas la juventud, la evocación que se hace de ésta de forma mágica. La exaltación de la memoria plasmada en papel con el objetivo de recoger los mejores años que el escritor pasó en París, un desquite póstumo, un arreglo de cuentas con personajes con los que compartía una vocación en común.


Es el diario de un escritor, de sus problemas humanos, de sus penurias, de esa falta de inspiración que muchas veces erosiona el amor propio de éste. A su ve es la exaltación de una generación perdida e irrepetible en el seno de la literatura americana. Esta fiesta parisina que aglutinaba a nombres propios como Gertrude Stein, Ezra Pund, Scott Fitzgerald o de un Ford Madox Ford junto con una delicada trama que quizás se constituyó de forma totalmente involuntaria en unos días en las que todos tenían ganas de comerse el mundo y derrochaban vitalidad en una ciudad que era cruel, inolvidable, íntima a la par que multitudinaria. Una ciudad que vería nacer a un futuro premio Nobel de la literatura y que sentía la irrefrenable necesidad de recordar sus primeros años de escritor; en los que era pobre, pero feliz al lado de su mujer y de su hijo. Años en los que no había corrupción en lo que a talento se refería y donde conoció prácticamente a todos los expatriados norteamericanos. Y donde también conoció a James Joyce y otros, con los que habitualmente se tomaba una copa. Este libro recrea fielmente el estilo que haría famoso a Hemingway: frases cortas, simplicidad,  y una profundidad en la que se adivinan muchas cosas en el fondo, pero éstas no salen a la superficie. Un libro ameno, que recomiendo a todo aquel que se quiera acercar al primer Hemingway y al modo de vida bohemio imperante de muchos escritores en la capital francesa de comienzos del siglo XX.


PD: Sé que hoy esperabais la cuarta parte del especial de Guns n Roses, pero todavía no he acabado, además, me apetecía variar un poco. No obstante, será la siguiente entrada.

10 de mayo de 2012

Especial Guns n' Roses - Parte III: Desenfreno y expulsión de Steven Adler



Tras la repentina y espectacular eclosión de la banda, el grupo estuvo mucho tiempo sin pisar un escenario, aunque eso en realidad no fue impedimento para que la fama de la formación siguiera creciendo como la espuma. Era prácticamente como una nueva beatlemania: se hablaba de ellos en todas partes, ocupaban portadas en todo el mundo y la televisión no paraba de hacerse eco de cualquier noticia relacionada con la banda. Generalmente mostrando la parte más caótica y destructiva de ésta. Musicalmente les empezaban a llover los premios y los elogios, pero la faceta personal del grupo se iba desmoronando poco a poco. Ahora que estaban saboreando las mieles de la fama, cada uno se podía costear una vivienda lujosa. Pero claro, aparte de la suntuosidad, el hecho de tener más dinero también favorecía que la banda pudiera, de hecho, comprar más y más estupefacientes. Lo único que habían hecho hasta ahora era colocarse, beber y tocar, por ese orden, ahora que habían dejado de tocar, momentáneamente, ¿qué les quedaba? Pues eso: beber y drogarse. Duff ya era un alcohólico en toda regla, pero empezó a degenerar más y más hasta el punto de que con tan sólo veinticuatro años pasó a un estadio más grave. Con esa edad ya tenía el hígado igual de deteriorado que el de un anciano. Consumía diariamente dos botellas de vodka, que pronto empezaron a ser tres. McKagan estaba totalmente ebrio todos los días, de hecho, cuando se acostaba, ponía en la mesita de noche una botella con la cual poder empinar el codo nada más levantarse. Slash le bautizó con el alias de Duff, el rey de la cerveza, y este nombre sirvió de inspiración para Matt Groening, quien le puso Duff a la cerveza en honor al bajista. ¿Curioso, eh?


Slash tampoco es que tampoco llevase una vida monacal o austera, para nada. Si Duff era un borracho de cuidado, Slash, aparte de también consumir alcohol, era un auténtico adicto a la heroína, mermando sus facultades humanas, por ende, Se le solía ver por los clubs de Los Angeles mendigando dinero comprar droga y para pagarse las copas. Como bien podemos ver, pese a ser millonario, aún conservaba vestigios de su otrora vida callejera. Más de una vez se lo encontraron inconsciente, desprovisto de sus botas, y en ocasiones, totalmente desnudo, seguramente, aprovechando que yacía inconsciente en el suelo,  alguien pensaría que sería el momento de quitarle todas sus pertenencias. Sufría frecuentemente constantes sobredosis en casas ajenas, poniendo a sus anfitriones en situaciones peliagudas. Le gustaba poner en peligro su vida y ya de paso poner en peligro la integridad de los demás. Vivía como lo que era: un desecho, y la mayoría de sus amigos hacían apuestas sobre cuándo sería la próxima sobredosis y si saldría con vida de aquella. El alcoholismo de Duff y de Slash se manifestó en una gala de entrega de premios, donde aparecieron totalmente ebrios ante todo el país, ya que la gala iba a ser retransmitida para toda la nación. Era el primer reconocimiento que la banda iba a tener, obteniendo dos galardones. Pues bien, tanto el bajista como el guitarrista subieron a recogerlos visiblemente mareados, tambaleándose sobre el escenario y balbuceando ante los micrófonos. En los discursos de ambos se perdió la cuenta de las veces que llegaron a decir "fucking" o "shit" y Slash ostentó el dudo honor de ser el pionero en que las retransmisiones norteamericanas tengan un retraso de siete segundos respecto al verdadero directo.


En la rueda de prensa posterior, el bajista y el guitarrista declararían respectivamente, ebrios y cubata en mano que no se esperaban aquel premio, y que ni siquiera sabía que estaban nominados. Todo esto ante la atónita mirada de los periodistas, que contemplaban sorprendidos cómo aquellos melenudos daban esa imagen tan patética. el rizado guitarrista declararía que allí habían ido a emborracharse y a disfrutar de la fiesta. Como si sus andanzas con el alcohol no fueran vox populi. Durante el largo tiempo de parón, Steven Adler se encontraba bastante nervioso. Las ganas que tenía de tocar propiciaron que se enrolara como ayudante de gira de Great White. La idea, no obstante, fue finalmente desechada ya que éstos encontraron reemplazo antes. Finalmente, la desidia y el ocio se apoderaron del bueno de Steven, ¿sabéis cómo la combatió? Exacto: chutándose. Aparte, se dejaba ver todos los días por Hollywood haciendo un ridículo espantoso a causa de las drogas. Posteriormente sería el miembro de la banda con mayor dependencia de éstas y al que más le costó seguir un ritmo de vida totalmente normal. Con todo, la banda se metió para grabar su siguiente trabajo, que contó repetidas veces con las ausencias de Axl y del propio Steven. El caso de Adler, no obstante ya empezaba a ser preocupante, ya que ni siquiera podía mantenerse erguido a la hora de tocar la batería debido a sus constantes colocones. La banda ya empezaba a manejar el hecho de echarlo de la banda. Casualmente, el único que se opuso fue Izzy, aduciendo que echar a un miembro de la formación por drogadicto, cuando todos eran unos drogodependientes es cuanto menos irrisorio e irónico.
Sea como fuere, por fin la banda salió de su letargo musical y apareció en escena para actuar en el festival benéfico Farm Aid, que Willie Nelson y Neil Young realizaron para impulsar el sector agrícola norteamericano. Guns N Roses eran la banda del momento, y tanto Nelson como Young consideraron fundamental la presencia de éstos, que accedieron a tocar dos temas para el festival. Según Steven, Axl cambió de idea y tocó la canción Down On The Farm, un viejo tema de la banda británica de Punk U.K Subs. Todos en el grupo se sabían el tema... Menos Adler, que tenía que improvisar a duras penas. Según declaró, Axl pidió que la tocaran a propósito para así dejarlo en evidencia delante de todo el país, y tener una excusa para echarle de la banda. Adler no tuvo otra que pedirle a Duff que le hiciera el ritmo de la canción y le marcara los tiempos antes de comenzar a tocarla. El batería, ayudado por su instinto, sacó el tema hacia delante y los Guns sonaron como una apisonadora. No obstante, Steven fue expulsado, y con él: murió la formación original de la banda. Tras la expulsión de Adler, la banda contrató a Matt Sorum, quien ya venía alabado profesionalmente como batería de los británicos The Cult. Sorum era mejor, mucho más técnico, más creativo, pero sin embargo, éste tenía un pulso y un feeling especial que secaba la perfección curtida a base de metrónomo de Matt. Y aquí lo dejo, señores. La entrada es cortita, pensaba hacerla más larga; pero se iba a volver muy muy larga, y no es cuestión de saturaros, un besito a todos.

8 de mayo de 2012

Sangre fresca (ABRIL 2012)

El otro día, a raíz de la eliminación de los dos equipos españoles en la UEFA Champions League (ya sabéis quiénes son, no quiero hurgar en la herida), Twitter echaba fuego. Amén del cruce de improperios y/o alabanzas (que las hay) entre hinchas de ambos equipos, aparecieron unos terceros en discordia que nada tenían que ver y que, sinceramente y no pienso morderme la lengua, me tocaron los cojones. Me refiero a todos esos que nos recriminaban (probablemente hartos de ver como los comentarios sobre los partidos llenaban sus timelines) estar preocupándonos por el fútbol mientras hay cosas mucho más importantes, como el paro, la pobreza en el mundo, y la extinción de la chinchilla moteada.


Lo siento, pero no puedo con esa clase de condescencia. Y mucho menos cuando insinúan sin ningún pudor que somos una pandilla de catetos por disfrutar de un partido de fútbol. Así como si ellos repartieran su tiempo entre Voltaire y Hawking. El perfil típico de estos personajes es el de "perroflauta-modernete". La élite de las mentes, vamos. Gente que dedica su twitter a miles de citas de grupos de rock en castellano (porque lo del inglés es muy complicado) de gran calibre como Sínkope, La Gripe, Bongo Botrako o mis queridos hamijuitos de La Fuga. Gente que protesta contra las centrales nucleares sin tener ni puta idea de como funciona una central nuclear. Gente que te recrimina que tengas algo de ropa de marca o animes a un multimillonario que le pega patadas a un balón mientras hay gente que sobrevive como puede, pero que pierden el culo cuando hay oferta de 2x1 en kalimotxo. Gente que se las da de profunda por leer a Coelho o Saramago pero que no es capaz de escribir sin faltas de ortografía. Gente que habla de igualdad, de explotación infantil y de derechos del trabajador mientras le pitan los avisos del WhatsApp.


En fin, que el fútbol es un pasatiempo. Y ni todos los futboleros somos imbéciles, ni todos los imbéciles son futboleros. Lo que no tengo muy claro es si se puede decir lo mismo de los flutedogs y otros especímenes "alternativos". Algún día me extenderé en este tema, que me tiene muy quemado.


Pero bueno, que se me va la virgena. Por aquí ando otra vez presentando las novedades de éste mes. Creo que tenemos algunas la mar de interesantes y, en general, he disfrutado mucho con lo que el mes de abril nos ha dejado.


Con treinta y cuatro, que se dice pronto, años de vida, Killing Joke, a los que tristemente apenas conocía, publican su decimo quinto trabajo de estudio. Es imposible etiquetar MMXII con un estilo (quizás lo más cercano sea algo así como punk-hardcore industrial) de manera que intentaré, si me permitís, hacerlo con una metáfora. Imagináos un gigantesco coloso mecánico, que avanza lento, con sus potentes pisadas, arrasando con todo lo que se le pone por delante. Imaginad el ensordecedor sonido de sus engranajes, el zumbido que emiten sus movimientos. Y ahora imaginad que, en un momento dado, el coloso hace girar sus metálicas muñecas transformando sus manos en armas de fuego y disparando en ráfagas cortas pero intensas. Todo mientras dos voces, una limpia y etérea y otra vieja y agresiva, ejercen de conciencia en los hombros del coloso. 

6 de mayo de 2012

Especial Guns n' Roses - Parte II: Donington '88 - Lies

Repasemos, queridos lectores, por si todavía hay algún lector que se ha incorporado tarde a este especial. Habíamos dejado a los Guns como la nueva sensación, de la noche a la mañana se habían convertido en la esperanza de toda una generación de rockers y Appetite For Destruction se había erigido como el sanctasantorum del Hard y el rock n roll en general. Abrieron para Iron Maiden, Aerosmith y The Cult. Y el éxito les llegó cuando parecía que éste les había dado de lado gracias a Sweet Child O Mine. A finales de verano las ventas ya eran monstruosas, y aquellos jóvenes procedentes de varias partes de la geografía norteamericana que llegaron perdidos a la par que fascinados por el embrujo de la capital californiana, habían logrado lo que más deseaban: ser estrellas de rock. Sin embargo, estos hechos sólo son una parte de la historia. Muchas veces, uno ha de pagar un precio que, quizás sea excesivo, pero si la justicia no existe en el día día, cuanto menos en esa jauría de leones que es el negocio musical, y más el del Rock N Roll. El dinero y la admiración de millones de individuos era tan solo una cara de la moneda; la otra traería consecuencias inesperadas, como por ejemplo, el incesante acoso que los medios de comunicación ejercerían sobre la banda. Fijáos que contradicciones tiene muchas veces el destino. Un grupo que hacía unos pocos meses era otra de las ratas infectas que pululaba por el Trobadour y demás antros de Los Angeles, se habían convertido de la noche a la mañana en auténticos vendavales mediáticos. La banda se había convertido en el vehículo perfecto para confeccionar portadas escandalosas. Una noticia o portada de los angelinos se había convertido en algo cotizado al alza. El grupo iba a ser, literalmente, "carnaza" para la prensa.


La primera parada, obviamente era el aclamado festival de Donington, que por aquellas fechas era la punta del iceberg para muchos aficionados al Rock y al Heavy, reuniendo en un mismo escenario a la flor y nata del panorama. La banda se sentía tremendamente excitada, era la primera vez que salían al extranjero e Inglaterra era el escenario idóneo para darse a conocer en Europa. Consideraban Donington como el principio del inicio de una fama que una vez lograda ya en Estados Unidos, tendría que extenderse por Europa; y el festival era una carta de presentación inmejorable. Además, Inglaterra era la casa de Slash, quien nació allí y pasó cinco años de su vida. Estaban nerviosos, no eran cabezas de cartel, ni mucho menos, pero sabían que eran la nueva sensación: el público inglés esperaba con los brazos abiertos a los californianos, sabedores de que podrían convertirse en un fenómeno irrepetible. Ya habían conseguido antes de actuar una pequeña victoria. Y eso en feudo inglés, que cumplía a la perfección como la capital europea del rock desde tiempos inmemoriales, era decir mucho. No obstante, la gente que acudía a Donington, especialmente los jóvenes, eran sujetos totalmente incontrolables; aquel envite no iba a ser fácil.

3 de mayo de 2012

Especial Guns n' Roses - Parte I: Resaca post Appetite for Destruction

Estaba dándole vueltas al blog y vi que la última actualización que hice de los Guns data de Mayo de 2011, es decir: casi un año. Me dije a mí mismo que cómo es posible que la banda cuyo disco le ha dado el título a esta mierda de espacio no haya aparecido por aquí en tanto tiempo. Así que me puse manos a la obra y consideré oportuno que en vez de hacer una entrada sobre el Lies o los Illusions, ¿por qué no hacer un especial sobre la banda?, ¿por qué no repasar el meteórico ascenso al Olímpo rockero de los Gunners y también repasar su caída? Han sido y son, junto con Nirvana y Pearl Jam -hablo en términos mediáticos, ojo- la última gran banda de hard rock y de rock n roll, eso es innegociable, pero el ego exacerbado de Axl Rose y la mala gestión que ambos hicieron de su éxito, propició que una banda que era ya considerada tanto por prensa musical y por expertos como los merecidos sucesores de los Rolling Stones, Aerosmith y Queen se consumiera entre disputas y dimes y diretes. Sin más preámbulo metámonos pues, en antecedentes. Después de la salida del Appetite For Destruction eran la banda que capturó la imaginación de millones de adolescentes de todo el mundo. Llegaron y besaron el santo, se alzaron por encima de cualquiera y ya con un disco eran leyendas. En 1988 sin embargo aún no tenían el apoyo de los medios y la excelencia de la banda se propagó mediante el boca a boca, el mejor disco debut de la historia del Rock pasó inadvertido en un principio. La Mtv no quiso emitir el vídeo de Welcome To The Jungle por considerarlo violento. Pasaron meses y el disco casi inicia un viaje con premura al olvido.


Pese al discreto funcionamiento del disco en el mercado, las exiguas reseñas que le habían dedicado al disco, éstas concordaban en una cosa: el disco era una maravilla y serían los dignos sucesores de Aerosmith, los Rolling Stones y Led Zeppelin. No obstante, el disco seguía en el ostracismo y el grupo continuaba prácticamente desconocido. Como último recurso, Geffen decidió convertir Sweet Child O Mine en el nuevo single de la banda. Grabaron un videoclip al efecto: si esa canción no tenía éxito; el disco no tendría éxito, porque era lo más parecido a una balada que había en el disco y estaba claro que la Mtv había rechazado la propuesta sucia, patibularia de la banda. La decisión adoptada por la cadena era totalmente sorprenderte si nos atenemos a que promocionaban a grupos como Motley Crue, que no hablaban precisamente de las epístolas de San Pablo a los tesalonicenses o el Heavy Metal perverso, obsceno y sanguinario de W.A.S.P, pero bueno, pronto se equivocarían. Lo curioso de todo esto es que hasta el encargado de rodar el vídeo pensaba que no iban a llegar a ninguna parte. Para él eran los típicos guarros de pelo largo que vivían en Los Ángeles que iban de malos pero que con la balada y el vídeo pretendían convencer a todos de que tenían su corazoncito. Sin embargo, tuvo que admitir que ante sus ojos estaba pasando algo cuando vio que varias de las chicas que trabajaban en el plató se agolparon en torno a los monitores comentando lo genial que era el vídeo y lo buena que era la canción. Una vez más, la gente joven estaba viendo algo en Guns N Roses que algunas personas del negocio no habían captado. Al principio la Mtv había ignorado el nuevo vídeo, lo que prácticamente condenaba a la banda al olvido. El éxito de la banda estaba teniendo un parto agónico e interminable, bordeando prácticamente el aborto. Incluso el propio David Geffen tuvo que intervenir directamente en la carrera de un grupo de su compañia.