Conrad era en su día un escritor muy polémico, distante y frío, tanto que era imposible casi acercarse a él al menos que el quisiera. No solamente quedó definido por ese aire distante que definió su carácter, sino que precisamente, esa frialdad se trasladó a su obra. Siempre se empeñó de forma contradictoria, eso sí, de abordar la vida, la literatura y el arte desde una apasionada independencia. Siempre ha estado al margen de estilos o de escuelas. Desde el punto de vista su biografía encaminó a éste al exilio y a abrazar el inglés como lengua, preservando celosamente en penumbra ciertos aspectos de su biografía, lo que algunos lo atribuyen a su pírrico pudor o a su caracter proverbialmente reservado, aunque otros mucho lo señalan como una estrategia para intentar cultivar y alimentar un mito. Nació en el seno de una familia de la baja nobleza, en Podolia, una ciudad que hoy día se encuentra en Ucrania y por entonces se encontraba bajo la Polonia ocupada por el ejército ruso. Su padre combinaba la actividad literaria como escritor y traductor de Shakespeare y de Victor Hugo con el activismo del nacionalismo polaco, objeto de la represión del régimen zarista, actividades que le acarrearon ser deportado a Siberia.
Conrad publicó en 1899 su gran obra, aquella que está catalogada como uno de los 100 libros que uno ha de leer antes de morirse, y no es para menos, porque la historia es fascinante de principio a fin, que está íntimamente ligada a las diversas peripecias de Conrad por aquella época. Después de viajar por Alemania, Suiza e Italia, abandona su tierra natal, recientemente liberada y a los 17 años se traslada al sur de Francia, donde conocerá la gran pasión de su vida: el mar. Así mismo obtiene su primer trabajo de gran enjundia al servicio de la marina mercante francesa, con destino a las Indias. Sin embargo, su colaboración con el comercio francés fue breve, cuatro años escasos. Agobiado por las deudas y después de un intento de suicidio. Conrad decide cambiar de aires. En 1878 inicia una carrera de 16 en la flota inglesa, país cuyo idioma desconocía y del que adopta la nacionalidad en 1886. Durante su servicio marítimo, Conrad viajó a numerosos países, tanto asiáticos como africanos, experiencia que se vería plasmada en la gran mayoría de sus obras. El testigo más valioso es esta obra, pero antes de lanzarnos a desmenuzarla, una obra como esta requiere, por lo menos una contextualización que nos ayude a entenderla mejor, así que, situémonos.
Tras la conferencia ofrecida por Otto Von Bismarck en 1884 en la ciudad de Berlín, el rey belga, Leopoldo II obtuvo el llamado estado libre del Congo. Dicha conferencia tuvo como objetivo que las grandes potencias europeas llegaran a diversos acuerdos a la hora de la partición del continente africano. El monarca Belga estableció un régimen tiránico y déspota en aquellas tierras, obligando a los congoleños al pago de un tributo -una especie de diezmo, por así decirlo- que o bien era dinero, -del que carecían la mayoría de los congoleños- o con la esclavitud. La extensión de este territorio, por el cual los buitres de los ingleses no manifestaron interés, era ochenta veces mayor que la de Bélgica; o si apuramos, equiparable a la de Europa Occidental. Su principal río, el Río Congo era el segundo mayor en extensión, sólo superado por el Nilo. Además de su alta navegabilidad, representaba una vía de acceso directo al continente. En un principio, el territorio se explotaba básicamente para obtener marfil, cazando elefantes en masa, pero después sobrevino la llamada fiebre del caucho, provocando la enorme demanda de éste. No obstante, el cambio más brutal fue el social; el humano. A diferencia de su país natal, donde gobernaba amparado por una monarquía constitucional , en el Congo llevó a cabo una política absolutista, donde él controlaba la riqueza del sitio y empezó a maltratar físicamente y psicológicamente a los nativos, destacando amputaciones, asesinatos masivos por no rendir lo suficiente, quema de poblados, vamos, que redujo la población a la mitad, se le podría considerar un Hitler o un Stalin del siglo XIX. Esta situación tan violenta como injusta fue denunciada por George Washington, misioneros protestantes, clérigos belgas y también por el propio Conrad. No obstante, Leopoldo II negaba tales acusaciones e incluso compraba a la prensa para sus propios intereses.
Respecto al argumento, decir que es muy sencillo y para nada engorroso. La novela se centra en Charlie Marlow, el cual narra la travesía que hizo años atrás por el Río Congo, en busca de Kurtz, el jefe de una explotación de marfil y que a lo largo de la novela adquiere un significado bastante mitificado y ambiguo. Los dos primeros tercios de la novela narran el viaje de Marlow desde Londres hasta África, donde remontará el río Congo hasta alcanzar la base de recolección de marfil en la que se encuentra un empleado de la empresa belga que lo ha encontrado. Ese empleado, llamado Kurtz, ha tenido un éxito enorme en el tráfico de marfil, granjeándole la envidia de otros colegas. Marlow intuye que Kurtz ha roto con los límites que la vida en sociedad impone en Europa, lo que provocará su repulsión y admiración al mismo tiempo. En el camino, Charlie Marlow será testigo de la situación de los colonos europeos, su brutalidad hacia los nativos africanos y deberá soportar toda clase de contratiempos antes de llegar al objetivo marcado. Finalmente se encuentra con Kurtz, tras diversas penurias y avatares por el Congo, y aquí dejo el argumento, ya que no quiero destripar la parte más interesante de la novela. Por así decirlo, el viaje de Marlow al Congo se convierte en un descenso al infierno, al propio corazón de las tinieblas. Una feroz crítica al imperialismo y un estudio pausado y pormenorizado de la locura u enajenación. El Corazón de las Tinieblas es una obra muy simbólica, donde vamos a destacar, principalmente dos elementos: el retrato de la selva y el viaje o descenso al inconsciente.
La selva es un factor fundamental en la novela, convirtiéndose en otro personaje más y tiene más peso que muchos personajes, desde los ríos Támesis y Congo -que representan supuestamente a la Europa civilizada y a la África deshumanizada y primitiva- hasta la selva o las ciudades: todos los elementos geográficos influyen, no sólo en Marlow, sino también en Kurtz y en el resto de personajes. Por tanto, para entender qué importancia tiene el entorno en la novela primero se debe estudiar cómo lo presenta Conrad. O lo que es lo mismo: este apartado funcionará como un anexo geográfico que en vez de enseñar imágenes sirve para reconstruir el paisaje que Marlow verá en la novela, a lo largo de ella. El primer paisaje que el autor presenta es el estuario del rió Támesis donde se encuentra el barco, -la Nellie- que inspirará a Marlow para contar su historia, al atardecer, en pleno tránsito hacia la noche, el momento idóneo en el que el protagonista relata de forma tranquila su adentramiento al propio corazón de las tinieblas. La noche se convertirá en el aliado perfecto de Marlow para contar su historia, y es que ésa es precisamente su función: la de ir ambientando al lector, la de crear espejos e imágenes, la de transportarnos al Congo del siglo XIX, todo en un tono melancólico que bañará al relato. Nos relata un entorno desdibujado; donde la neblina es oscura y amenazadora. Marlow va relatando sus impresiones sobre el Támesis, al que aludirá como un río extrapolable a la sociedad occidental y sobre el que han flotado el sueño de muchos hombres. Como contraposición nos presenta al río Congo como un ambiente deshumanizado y animalizado, este evidente contraste, unido a la descripción que éste hace de los indígenas suscitó las acusaciones de racismo del escritor nigeriano Chinaua Achebe. Como veremos, a pesar de lo apocalípticas que pueden resultar sus descripciones, su intención no es zaherir o vejar a los africanos, sino describir un lugar oculto para Occidente, armonizar los deseos de Occidente en el siglo XIX: la exploración de África, esa gran desconocida.
El mundo africano que describe es si cabe, mucho más amenazador que el que se encontraron los romanos y que Marlow califica como desolador, como por ejemplo; la costa que esconde la selva, considerado como un enigma, un sitio al que nadie se había aventurado antes. Marlow avanza y avanza, adentrándose en las fauces del cocodrilo, siendo partícipe de la desolación que circunda al territorio, donde la naturaleza es desproporcionada y devora lo humano. Con el transcurso de la novela, el paisaje irá cobrando más y más fuerza, el poder y la influencia del paisaje congoleño se hacen más evidentes. Las últimas descripciones son terroríficas y agrestes, desvelando la desazón que provoca saber estar en tierra de nadie, en territorio hostil. La selva africana se nos presenta como un secundario de lujo, primitiva, llena de trampas, como la máxima expresión de las pasiones más primarias e irracionales, un escenario que facilita la amoralidad, como el propio Kurtz demostrará. No sólo hay que prestarle atención a la novela desde el punto de vista geográfico, sino que la condición humana la sustitución del raciocinio por la supervivencia son los que toman las decisiones. Es un desplazamiento de la luz a las tinieblas: civilización-barbarie, del pensamiento racional al salvajismo. Marlow no hace más que sufrir una etapa de regresión.
El río, simbólicamente hablando acepta y asume su papel de que es también un camino por la vida del hombre, el cual le lleva a conocer sus más bajos instintos, un vehículo para poner a prueba su capacidad y fortaleza mental. Se retrata al río como una guía para la moralización cristiana, que todavía no ha llegado a África en el siglo XIX, es el regreso a la tierra sin ley, a la oscura naturaleza de la condición humana. Marlow siente que no viaja el Congo, sino al centro de la Tierra, equiparándose al que Dante hizo en La Divina Comedia, el lugar donde Marlow descubre la verdadera naturaleza social y mental del hombre: el epicentro del abismo. Todo esto antes de la llegada del concepto del pecado. Sin una moral occidental cristiana, el pecado es inexistente al igual que su castigo consecuente, por lo cual: sólo pervive la naturaleza del horror. Es la naturaleza quien controla no sólo al hombre, sino también a la selva, teniendo el poder para modificar las cosas a su antojo. La relación con el entorno y con las gentes de aquel producen grandes transformaciones en los personajes en la narración. La naturaleza es esencial para el desarrollo de la obra ya que es ella quien impone sus propias normas de conducta, produciendo una adaptación necesaria de los personajes a su entorno para poder sobrevivir. Dice el médico que revisa a Marlow antes de su viaje que se irá adaptando al entorno conforme avance en la selva.
En realidad no es Marlow el protagonista de la novela, sino Williy Fogg.
En un primer momento, todavía en Europa y en sus primeros pasos por el Congo, Marlow tiene una visión típica colonial del nativo como enemigo. La educación occidental de los imperios coloniales muestra a los nativos como bárbaros, enemigos de la civilización que se resisten todavía a progresar y a la iluminación de la humanidad. Pero conforme Charlie Marlow se va adentrando más y más en la selva, su percepción sobre todo lo que lo rodea cambia. Observa que el nativo no es tal como se lo habían planteado en Europa, viéndolo más de cerca, y con la oportunidad de convivir con varios de ellos se da cuenta que el epíteto de enemigo o de bandido se difumina, ya que los aborígenes con los que se encuentra no son más que seres desnutridos, desnudos, débiles y pasivos -no interpretéis esto mal, que os conozco-. ¿Cómo se podría considerar como enemigo a alguien que no puede defenderse y resulta tan indefenso como una sombra? Pero la percepción de Marlow no se queda sólo en la sombra. Conrad intenta mostrar a su alter-ego, sintiendo una relación cercana con Marlow. Cuando un europeo pone pies en África, debe adoptar una postura diferente para sobrevivir, como en el caso de Marlow y Kurtz, que dejan de lado el pensamiento occidental en pos de una más primaria para sobrevivir en la selva, pero esta locura es algo usual, ya que no es una enfermedad; es el simple e instintivo que da el hombre para fundirse con la naturaleza, con la soledad del hombre apropiándose de la mente de nuestro protagonista.
Kurtz es el ejemplo perfecto de todo esto que acabo de decir, es ya engullido por la selva, no tiene recuerdos ya de su vida pasada en la civilización occidental, se siente un nativo más, vive en el propio corazón de la selva. Se interpuso la realidad africana y éso bastó para cambiar la mente de Kurtz, que basculará de la razón a la locura más perenne. La oscuridad de la selva ya ha hecho estragos en Kurtz, como poco a poco los irá haciendo en Marlow, lo va carcomiendo en el transcurso de los meses viviendo en la selva, convirtiéndolo en parte de su diabólica oscuridad. El terror moral, el horror, el horror de la selva, el horror que se vive en ella es una realidad que Kurtz tiene en cuenta y conoce perfectamente. Sabe que la única manera de sobrevivir a esa realidad es uniéndose a ella, haciéndose amigo del horror y de la amoralidad, escuchando la naturaleza y regresando a su conducta natural de instintos brutales y de pasiones monstruosas, porque de lo contrario, la naturaleza sería su piedra de toque. A pesar de los cambios perceptivos de los personajes, la influencia interna es apabullante, la mente humana se vuelve más primaria e instintiva: es el efecto de la disociación del psiquis, el cual puede ser relacionado con la disociación física del hombre separado de la civilización por la gran muralla selvática, aumentando el estado primitivo, dejándose llevar por el impulso. Conforme Marlow se adentra en la selva, verá que las leyes de ésta son implacables, y que no es el colonizador quien coloniza, sino que el colonizador será colonizado. Marlow y Kurtz son dos animales que han de servir a la naturaleza. Y aquí acaba esta actualización; no sin añadir que si queréis algún aliciente para leer este soberbio libro, inspiró a Coppola para realizar Apocalypse Now. ¿Pros del libro? Es corto, con un lenguaje sencillo, siniestro y desesperanzador, al mismo tiempo te permite observar el cruento imperialismo del siglo XIX con total maestría. ¿Contras? Que es un libro de descripciones, una especie de diario. Si buscáis diálogos, olvidadlo. Pero estamos ante una de las obras maestras de la literatura, que mejor supo indagar en la naturaleza del hombre y en el concepto del horror y la locura.
Kurtz es el ejemplo perfecto de todo esto que acabo de decir, es ya engullido por la selva, no tiene recuerdos ya de su vida pasada en la civilización occidental, se siente un nativo más, vive en el propio corazón de la selva. Se interpuso la realidad africana y éso bastó para cambiar la mente de Kurtz, que basculará de la razón a la locura más perenne. La oscuridad de la selva ya ha hecho estragos en Kurtz, como poco a poco los irá haciendo en Marlow, lo va carcomiendo en el transcurso de los meses viviendo en la selva, convirtiéndolo en parte de su diabólica oscuridad. El terror moral, el horror, el horror de la selva, el horror que se vive en ella es una realidad que Kurtz tiene en cuenta y conoce perfectamente. Sabe que la única manera de sobrevivir a esa realidad es uniéndose a ella, haciéndose amigo del horror y de la amoralidad, escuchando la naturaleza y regresando a su conducta natural de instintos brutales y de pasiones monstruosas, porque de lo contrario, la naturaleza sería su piedra de toque. A pesar de los cambios perceptivos de los personajes, la influencia interna es apabullante, la mente humana se vuelve más primaria e instintiva: es el efecto de la disociación del psiquis, el cual puede ser relacionado con la disociación física del hombre separado de la civilización por la gran muralla selvática, aumentando el estado primitivo, dejándose llevar por el impulso. Conforme Marlow se adentra en la selva, verá que las leyes de ésta son implacables, y que no es el colonizador quien coloniza, sino que el colonizador será colonizado. Marlow y Kurtz son dos animales que han de servir a la naturaleza. Y aquí acaba esta actualización; no sin añadir que si queréis algún aliciente para leer este soberbio libro, inspiró a Coppola para realizar Apocalypse Now. ¿Pros del libro? Es corto, con un lenguaje sencillo, siniestro y desesperanzador, al mismo tiempo te permite observar el cruento imperialismo del siglo XIX con total maestría. ¿Contras? Que es un libro de descripciones, una especie de diario. Si buscáis diálogos, olvidadlo. Pero estamos ante una de las obras maestras de la literatura, que mejor supo indagar en la naturaleza del hombre y en el concepto del horror y la locura.



13 comentarios:
Buenísima, sí señor. Una obra maestra que supera su propia prosa y escenario para ahondar en los terrores del ser humano a la oscuridad y el caos. Has dicho que sirvió a Coppola para 'Apocalypse Now', y ese es un buen ejemplo de que la esencia de la novela puede salirse del Congo y contextualizarse en Asia, o donde sea. También es esencial el viaje y el río, como bien has explicado. Su influencia ha sido tremenda. A mi es que la literatura del XIX me gusta mucho, y si le sumamos que soy más siniestro que Drácula... XD
Pese a los años pasados, Bélgica aún siente el peso y paga la mala fama de lo que hiciera su rey Leopoldo II, antaño tenido por un filántropo, hasta que se descubrió el pastel...
PD: Please, quitad las palabras de verificación. Cada vez las ponen más complicadas de copiar, llevo ya tres intentos.
Nunca he leído nada de Conrad, me apunto El Corazón de las Tinieblas para empezar la semana que viene con él. Soy fan de El Conde de Montecristo.
Saludos
Excelente libro, Alejandro, me encanta el personaje de Charlie Marlow, y qué hijos de puta eran en el siglo XIX todos.
Confesaré con el riesgo de ser apaleado... no la he leído (todavía). Enmendaré, palabrita.
Como lo contas me parece apasionante, lo voy a tener en cuenta.
Beso.
Un escritor libre, de ésos que hay pocos. Recuerdo haber leído en la misma época "Drácula", "El halcón maltés", "La montaña mágica" y "El corazón de las tinieblas", casi podía haber dejado de leer. Es mi obra favorita de Conrad, pero es un autor del que se puede aprovechar casi todo. Sólo "La soga al cuello" no me gusta, pero novelas como "Lord Jim", "Nostromo", "Bajo la mirada de Occidente" o "Victoria", y relatos como "Una avanzada del progreso" (éste muy relacionado con "El corazón de las tinieblas", por cierto) o "El duelo" me parecen también imprescindibles.
Saludos.
Increíble libro, mira que no soy muy aficionado a la literatura, pero mi ex novia me dejó este libro y la verdad me cautivó, fácil de leer, ameno, una delicia. Excelente actualización, Mr. Palahniuk.
Me encanta el personaje de Marlow y la ambientación de Conrad.
Cómo mola la foto de Willy Fogg xDDDD
y tu flipas con mis entradas???? yo alucino pepinillos con las tuyas!!
Pues no lo he leido. Lo tengo en casita, pendiente desde hace años, esperando el momento... Sobre Apocalypse Now, bueno... No es brutal, es lo sigueinte a brutal y obra maestra.
Por cierto, fue el primer proyecto que le negaron a Orson Welles como realizador.
Y de verdad, decir que los rusos son un tostón. Es para ahogarte.
Saludos.
Uno de mis libros de cabecera. Como siempre no parais de sorprenderme. A seguir pues con esta marcha
Gracias a este tipo de post me acerco un poco más a la literatura, soy cazurro, me vienen bien estas cosas. ¿Te gusta Yeats? Simplemente me empieza a interesar su obra. Estaría bien saber tu visión a través de uno de estos alucinantes post. Saludos y disculpa tal atrevida petición.
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